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La intolerancia de los "tolerantes" (Jorge Yarce)

Aparecen en todos los medios de comunicación a todas horas. Proclaman ser liberales puros, de los originales roussonianos, ateos practicantes, subrayan que son de izquierda, escépticos, relativistas…revolucionarios (aunque no se lo creen ni ellos mismos) y todo aquello que les permita aparecer no comprometidos con nadie ideológicamente, abiertos a todas las posibilidades porque no hay verdad alguna (eso sí: lo que ellos dicen esa es la única verdad), indiferentes y, sobre todo, pretenden aparecer como la encarnación de la tolerancia. Es una palabra que les gusta mucho y la defienden con tanto apasionamiento como si fuera un dogma o un principio constitucional y ellos sus únicos intérpretes auténticos.

A propósito, a los “tolerantes” no se les puede mencionar la palabra religión porque enseguida se sienten atacados: es el colmo que exista gente que cree en Dios, eso es un contrasentido que se debe combatir… y hasta ahí llega la tolerancia. Ser católico, cristiano o judío o musulmán es lo peor que puede pasar, y si esa persona actúa en política, hay que mirarla con sospecha. Como si la gente que tuviera que dejar sus creencias, gustos, aficiones al margen de su trabajo o de su actividad pública. No se les aplica la presunción de buena fe. Esa misma tenaza la aplican a todos aquellos que se manifiesten contrarios a sus ideas, o defiendan aquello en lo que piensan o en lo que creen. Los “tolerantes” emprenden auténticas cruzadas para demostrar que ellos son quienes deciden con quienes se puede ser tolerante.

A los “tolerantes” les horroriza, considerar que las ideas de los demás merecen, al menos, el mismo respeto que las suyas. No puede ser, dicen, eso no es “democrático”, porque ellos son la minoría pensante que decide quien es democrático. Cuando encuentran una persona coherente, con convicciones arraigadas y, para colmo de “males”, un sincero creyente de su fe, eso se vuelve intolerable, porque ellos determinan los límites de la tolerancia. No resulta extraño que frente a una persona coherente los “tolerantes” traten de enlodar su nombre, armando toda una parafernalia que va de los dimes y diretes, de la burla o el chisme, a la murmuración, a la difamación e incluso a la calumnia. Si hace falta la enjuician por ser honesta, clara, firme y coherente, usando palabras como “discriminación”, simplemente como una forma de agarrarse a algo que les permita demostrar que la tolerancia que ellos no practican, que implica el auténtico respeto por las ideas y creencias ajenas, debe ser castigada por ser un peligro para la sociedad, cuando en realidad ellos son los que ponen en peligro el pluralismo político e ideológico como base de la tolerancia y de la convivencia pacífica.

No hace falta ir más lejos, todo el que lea esto tiene el nombre en la punta de la lengua, no es necesario mencionarlo, se adivina fácil. Dijeron todas las infamias posibles para crear un estado de opinión que forzara al estado de derecho para que no saliera avante en sus aspiraciones a ser reelegido en un alto cargo público en el que se ha mostrado profundamente respetuoso con la protección del interés público que juró defender. Pero como piensa distinto de los “tolerantes”, no se le puede dejar tranquilo, hay que atajarlo al precio que sea, y seguramente, se empeñarán en criticar en el futuro cada una de sus actuaciones, con o sin razón, simplemente porque para ellos se ha convertido en un demonio que tienen dentro de la cabeza fabricado por ellos mismos. Posiblemente los atormentará durante cuatro años más y ellos nos seguirán dando lecciones de la más pura intolerancia.