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Silencio sobre lo esencial (Jorge Yarce)

La mayor parte de la conversaciones de la mayoría de la gente son totalmente banales, y derivan hacia lo superfluo, hacia lo irrelevante: modas, gustos, modos de matar el tiempo, cómo pasar la vida sin complicaciones y con el menor esfuerzo posible. Guitton llama a esto el “silencio sobre lo esencial” que impera en la sociedad de hoy. Se habla de todo, menos de lo absolutamente necesario: la vida, la verdad, la muerte, el amor,  la libertad, la justicia, el perdón, el servicio, la alegría, Dios, el dolor, el sacrificio, la esperanza, la pobreza de muchos, el hambre de tantos…Vivimos pendientes de la cháchara, del parloteo sin sentido, y nos llenamos de chécheres y cachivaches que nos ocupan las manos, los ojos, los oídos y la mente, y no nos  dejan ver, oír o pensar en lo que verdaderamente necesitamos.

Si callamos lo fundamental, el espacio lo ocupan los goles, las telenovelas, los crímenes, las malas noticias, los delitos sexuales, las tarjetas de crédito, las calamidades de la naturaleza, etc. Como “el que calla otorga” es un precepto jurídico irrefutable, ese silencio cómplice puede ser asesino de lo más valioso que hay en nosotros mismos, lo que es absolutamente importante y casi siempre intangible. Lo podemos perder progresivamente, indoloramente porque nos volvemos insensibles  esas verdades esenciales. Recordemos con Hellen Keller que “las cosas más emocionantes y bellas de la vida no se pueden ver, sólo se pueden sentir con el corazón”.

El arma más peligrosa que puede deteriorar la convivencia, no es un suplicio, es el silencio, producido, a veces por el asedio de la radio, de la internet, de los celulares, de los vidojuegos, de las pantallas que nos hablan todo el día, de los medios que muchas veces no dicen la verdad del todo porque no saben cuál es, o nos confunden cuando la dan incompleta o sobre cosas insoportables que se vuelven el pan de cada día. Los medios nos condenan a vivir de las apariencias (domina lo que gusta, lo que se ve, lo que tiene rating, los horrores de  la vida cotidiana) callando lo importante.  Lo importante son las malas noticias que dan con tanto entusiasmo.

En el mundo de hoy estamos todos amenazados, no tanto por el terrorismo mundial, que es capaz de hacer una de las suyas en cualquier sitio a cualquier hora, sino por la conspiración del silencio. Como si dijeran: lo serio, lo intelectual, para la academia o para los libros; la fe para las iglesias; la reflexión sensata para los grupos esotéricos, o para uno que otro escritor que se atreve a hablar de esas cosas que, aparentemente, a pocos interesan, aunque nos afectan a todos.

Cuanto más entretenimiento y más juegos tenemos a la mano, mientras más concentremos nuestra atención en el tener, gozar, disfrutar, aparentar, fingir, lucir…menos posibilidades habrá de concentrarse en algo, en aquellas cosas por las que de verdad se vive o se muere. Y mientras más tengamos de lo superfluo, más “insoportable” será hablar del espíritu, la muerte, la vida o la esperanza, es decir, sobre lo fundamental que hace del hombre un ser personal con una capacidad casi infinita de conocer y de querer, que normalmente sólo usa el 10% de su cerebro o que puede tener seco el corazón.

Necesitamos la voz de Esténtor, el gigante míitico cuya voz equivalía a la de 30 hombres, que hablaba a sus paisanos asediados por los enemigos para alertarlos sobre ellos, pero esta vez para que nos recuerde a voz en grito que debemos volver a poner en primer plano lo esencial, lo fundamental para nuestras vidas.