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Deporte espectáculo versus deporte ejercicio (Jorge Yarce)

Cada vez se hace menos ejercicio y se consume más pantalla de televisión o de internet, incluso para ver deporte durante muchas horas. Como si eso compensara lo que el deporte ejercicio representa para la salud humana. Otras veces son las máquinas para hacer ejercicio en casa, para calmar un poco la conciencia.

Como el caso de aquel amigo mío que consumía horas encima de una de esas máquinas y su casa estaba rodeada de un bosque que invitaba a caminar; pero él sólo tenía tiempo para hacer ejercicio en la máquina, según decía.

Los espectadores televisivos de los eventos deportivos superan infinitamente a los practicantes del deporte-ejercicio. Hay millones de espectadores viendo jugar un partido de fútbol mientras se ejercitan sólo 22 personas. Thibon dice que el deporte espectáculo se ha convertido en una nueva religión con sus ritos, devociones y en general un culto muy exigente que no exime de ninguna de sus prescripciones; sus seguidores, además de practicarlas estrictamente, deben pagar por entrar al “templo” respectivo.

Junto al deporte-espectáculo ha crecido el deporte-negocio, cuyas prácticas corruptas han sido revelados en forma escandalosa a raíz de la olla podrida de la FIFA. Es decir, que millones de espectadores ven por TV partidos, a veces, previamente arreglados por dinero. Como quien dice, la farsa total.

Lo preocupante es el número de horas por persona que se consume ante las pantallas en aras del deporte. La oferta es creciente, y eso resulta inevitable. Lo que si demanda esta situación es moderación por parte de los espectadores. Hemos visto cómo, además, e algunos de esos deportes, especialmente el fútbol, despierta pasiones que llevan a la violencia de los aficionados entre sí. 

Se llega a tener que jugar los partidos cerrados, sin público, o con la asistencia solo de los partidarios de uno de los equipos, porque si entran los de los dos, aquello se convierte en batalla campal con víctimas fatales.

En sano juicio esto es inconcebible, pero cierto. Los fanáticos eran antes los que daban su vida por la religión o por Dios, ahora son los que daban la vida por quienes manejan habilidosamente un balón. Bastante va de una cosa a otra.

Todo tiene sus límites. Y estos fenómenos deben hacer reflexionar a las sociedades para poner las cosas en su sitio, para ver cómo la cultura ciudadana se pone en ejercicio para cubrir esos agujeros negros de salvajismo que aparecen en el deporte y ensombrecen sus nobles finalidades.

En algunos casos no queda más remedio que invocar las fuerzas del orden para evitar los desmadres de los públicos, pero lo ideal sería invocar los recursos de la cultura para entrar en razón y devolver al espectáculo su razón de ser.

Y así como se acude por todos los medios a crear una conciencia de protección del medio ambiente, deberíamos empeñarnos en crear y promover el deporte ejercicio, por todos los medios y en todos los ambientes, de modo que, si bien no disminuyen los espectadores de las pantallas, aumenten los practicantes del deporte ejercicio en de todas las edades.

Más escenarios accesibles a todos, más ciclo vías, más impulso en la educación a los diferentes deportes, más deporte aficionado, de modo que la generación de niños y jóvenes sientan una tal atracción por ellos que les lleve a dedicar más tiempo que el que dedican a las pantallas, lo cual redundará en bien de todos.