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Colombia económicamente patas arriba

COLOMBIA ECONÓMICAMENTE PATAS ARRIBA

Por: Jorge Yarce

Así lo confirman las cifras y así lo padecemos los colombianos, a pesar de que el gobierno diga todo lo contrario. Se palpa y se siente todos los días que el país está muy mal económicamente. Que estamos hace días en una depresión no aceptada, que va camino de ahondarse cada vez más. No hace falta ser un experto para sostenerlo.

El país no crece, sino que decrece económicamente. El PIB creció 5 puntos menos de los previsto, lo que indica un pésimo comportamiento. Y que no salga el Ministro de Hacienda a echarle la culpa a terceros, a la “no muy conveniente” nota de las calificadoras de riesgos país o a comportamientos imprevistos de los mercados financieros, es decir, a cualquier cosa menos a las políticas erradas del gobierno. Para este, las cosas siempre marchan viento en popa (¿”Prosperidad para todos”?), y lo que piensa y vive la gente de a pie, no tiene importancia.

Los datos divulgados por la CEPAL en su informe anual sobre Latinoamérica reaseveran el mal comportamiento de la economía colombiana. Se creía ingenuamente que con el proceso de paz vendrían en cadena todas las noticias buenas, pero no ha sido así, entre otras cosas, por los profundos boquetes que se le han abierto a ese proceso, que vienen de lejos.

Cuando a la economía le mal, al país le tiene que ir mal. No caben los malabares de las palabras y decir ahora que a la economía le va bien y al país le va mal o al revés. Ya se nos murió Fabio Echeverri, que invento esos juegos de palabras., que de poco sirven para fundamentar un falso entusiasmo. No hay que ser político ni enemigo del gobierno para pensar así. Si el consumo, las ventas o la construcción bajan, es por causas concretas del manejo de la economía. No esquivar la realidad  porque no se dice la verdad, sino que se juega a las escondidas con los colombianos.

Y ahora entramos en año electoral y, por consecuencia, se paraliza todo a la espera de ver qué pasa. Triste cosa que el sol empiece a calentar las espaldas del gobierno, y que este, de pronto, se entregue a lo inevitable de unas políticas económicas de piñón fijo, que nos llevan derecho a estrellarnos contra el progreso. Y callemos la boca sobre cómo afecta esta situación podredumbre de corrupción en la que estamos anegados.

 ¿Será, como decía Cromwell, que “habrá que esperar a que las cosas empeoren para que empiecen a mejorar?